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La diversidad y pluralidad de los entornos físicos y sociales que distingue a las Universidades Tecnológicas, ya sea por su pertinencia y vocación social en regiones cuyas poblaciones desfavorecidas o en condiciones de marginación, ahora tienen a su alcance una institución de calidad que satisface una necesidad educativa de servicios que antes no existía, se ve reflejado en la formación de recursos humanos calificados técnica y humanamente como impulsores del desarrollo económico local, que arraigan el sentido de pertinencia con la población de sus regiones de influencia. En términos de equidad, 3 de cada 10 alumnos no hubieran estudiado de no haber una Universidad Tecnológica en sus inmediaciones y 9 de cada 10 jóvenes acceden por primera vez a la educación superior en comparación con sus padres; además, se distingue por la calidad de los servicios de asesoría y asistencia técnica que brindan a las empresas ahí ubicadas.
En el campo de la vinculación escuela-empresa-sociedad, función sustantiva de las Universidades Tecnológicas, resaltan los estrechos lazos con empresas y comunidades, que han propiciado el desarrollo de acciones y programas concretos que atienden y responden de manera eficaz y oportuna a las demandas de nuestros diversos clientes, ya sea para la contratación de nuestros Técnicos Superiores Universitarios o en la creación de un programa educativo específico.
Así pues, el gran reto es modernizar la educación para atender las demandas de la sociedad, influir en el desarrollo nacional y propiciar una mayor participación de los distintos niveles de gobierno, con el fin de crecer de manera integral (universidades, población, iniciativa privada y el Estado), privilegiando el aprendizaje a lo largo de la vida con un enfoque de educación continua.
Sin duda, el objetivo final de las Universidades Tecnológicas es sumarse a la gran tarea nacional que se plantean los actores de la sociedad. A partir de una realidad sumamente compleja y, en muchas ocasiones, contradictoria, las Universidades Tecnológicas tienen como misión combatir a la desigualdad social reflejada en la alta tasa de desempleo y la injusta distribución del ingreso y el patrimonio; para ello es preciso que se aboquen a acciones que contribuyan a mejorar sustantivamente los niveles de vida, preservar los recursos naturales tanto renovables como no renovables y el cuidado del medio ambiente por medio de una educación de calidad y trascendente.
Por tanto es irrenunciable el compromiso cotidiano de construir sin tregua la plataforma desde la cual México dará el gran salto, convirtiéndose en un país con tecnología autosuficiente.
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